
En las revistas y en los comerciales de la tele se muestran las tremendas minas: flacas, de piernas largas y con una sexy ‘delantera’. Por su parte, los hombres son puro músculos y calugas.
Si uno se compara con ellos, es muy probable que las diferencias salten a la vista. ¡Pero tranquilos!: ellos son modelos y el resto de nosotros no. Ellos están allí, precisamente, porque tienen características que la cultura en la que estamos considera sinónimo de belleza.
El talento y el valor de cada persona como ser humano pasa por elementos que van mucho más allá de lo externo.
¿Quién tiene más?
“La disconformidad comienza al comparar los atributos que saltan a la vista con mayor facilidad. En el caso de ellas, casi todo se resume en los senos y el trasero. Erróneamente, muchas creen que serán más aceptadas (o deseadas) mientras más tengan”, comenta el
sicólogo Alejandro Salinas.
A los hombres les ocurre lo mismo, aunque en el caso de ellos la máxima preocupación es el tamaño del pene. Muchos se sienten mal porque sienten que lo tienen más chico o más delgado que sus compañeros o amigos.
Y mientras están mirando para el lado y lamentándose por lo que no tienen, dejan de lado otros aspectos que podrían ser potenciados. Porque el hecho de que una mujer no sea ‘pechugona’, por ejemplo, no significa que no tenga un rostro lindo, alegre, ojos expresivos, etcétera.
O sea, que se pierde mucho tiempo pensando en cómo cambiar lo que no nos gusta y descuidamos nuestras virtudes. Está claro que nacemos con determinados atributos y que tratar de modificarlos a como dé lugar no lleva a ninguna parte.
Quererse un poco más
El sicólogo explica que los problemas de autoestima son frecuentes en los jóvenes, porque a esa edad están buscando modelos para definir su propia identidad. Y en esa búsqueda se encuentran con hombres y mujeres que les parecen perfectos.
Pero no existe el cuerpo perfecto. Cada uno tiene su encanto. Hay que quererse un poco más y no creerse el cuento de que para triunfar hay que ser un modelito de pasarela.
“Obviamente que a nuestro alrededor siempre habrá personas que tengan mayores atributos físicos. Eso es algo de lo cual debemos estar conscientes, para que las comparaciones no nos afecten. Es más, ni siquiera deberían existir porque cada uno es único y es bello por sí mismo”, señala el profesional.
Además, recalca que muchas veces esas comparaciones son hechas sin un parámetro adecuado. Por ejemplo, la mujer que mira a una modelo o el varón que se siente ‘inferior’ a los actores de una película porno. ¡Obviamente que en ese caso habrá una desventaja!
100% actitud
Con el paso del tiempo te darás cuenta de que no sacas nada con lamentarte y con querer ser como otros. Hay que avivarse y comenzar a resaltar lo que consideramos que mejor tenemos.
“Hay una publicidad que dice que la belleza es totalmente un tema de actitud. Eso es exactamente lo que debemos transmitir. Más allá del cuerpo, de los kilos de más o de menos, de las cirugías y esas soluciones superficiales, hay que creerse el cuento y proyectar una imagen alegre”, aconseja el especialista.
Por último, no hay que olvidar que durante la adolescencia el cuerpo está creciendo. Por lo tanto, cabe la posibilidad de que esa característica que tanto nos disgusta nos dé una sorpresa en un par de años. Así que a no desesperar y a ser más felices con lo que tenemos.