
Es una de las situaciones más ‘peludas’ por las que un hijo puede pasar, sobre todo cuando no existe la edad suficiente como darse cuenta de las cosas.
Cuando los papás pelean uno cree que se van a arreglar, pero hay ocasiones en las que eso no ocurre. Entonces se viene una situación que ni siquiera habíamos pensado que podía pasar: la separación.
Pero ¡calma! Debes saber que, por una u otra razón, esto no solamente ocurre en tu familia. Son muchos los que tienen que pasar por estos episodios, por lo que no debes sentirte como un ‘ser’ aislado ni distinto al resto de tus compañeros o amigos.
El punto anterior es muy importante para entender que, en el caso de que los papás no se junten de nuevo, es posible salir adelante y llevar una vida normal, teniendo siempre un papá y una mamá que estarán allí cuando los necesites.
Cosa de grandes
Aunque suene difícil y te cueste entenderlo, cuando los papás pelean lo mejor es no meterse. Primero, porque los problemas sólo son conocidos por ellos dos y, segundo, porque podría darse el caso en que te vieras obligado a tomar partido por uno de ellos.
“Los conflictos deben ser resueltos por la pareja. Si hay más actores involucrados, como los hijos por ejemplo, se corre el riesgo de que la familia se quiebre aún más porque se formarán pequeños bandos que no permitirán que la comunicación fluya”, expresa la psicóloga Camila Guajardo.
Por lo mismo, si estás en esa situación, lo mejor es esperar a que uno de ellos se acerque a conversar contigo. De seguro que lo harán cuanto antes, para tratar de explicarte lo que está pasando y lo que va a pasar. Es difícil, pero hay que tratar de ser pacientes durante ese proceso.
Una buena forma de evadirse por un rato es concentrarse en los estudios. Porque más allá de los problemas que tengan los papás, a ellos les gustaría ver que a su hijo o su hija le vaya bien en el colegio, aún cuando estén pasando dificultades tan grandes.
Una ayudita extra
A veces uno no puede controlar las ganas de llorar por lo que le pasa a los papás. Calma, porque eso es totalmente normal. Según la sicóloga, “eso es un proceso que ayuda a sacar todo lo que se tiene adentro; por lo tanto, hay que dejar que el llanto fluya”.
“Es normal, también, que los jóvenes quieran encerrarse y no tener contacto con nadie, pero eso no puede durar mucho tiempo. Al principio hay que dar los espacios para que ocurra, pero cuando la situación se va estabilizando es necesario reestablecer la vida social”, agrega la experta.
En caso de que no sepas cómo enfrentar lo que te está pasando, y si ves que la pena o la rabia te superan, no debes tener miedo de acercarte a hablar con tu papá o tu mamá.
Es probable que alguno de ellos se dé cuenta de eso y te sugiera una visita a un profesional de la psicología. No temas. No significa que estés loco ni mucho menos que no seas capaz de resolver los conflictos. A tu edad no existe la suficiente madurez emocional como para salir solos de algo tan peludo.
Acepta la ayuda. Pronto verás que te irás sintiendo mejor. Del mismo modo, comprobarás que la vida lentamente retoma su curso normal. Tu papá y tu mamá no estarán juntos físicamente (es raro, ¿no?), pero seguirán siendo tus padres y tú podrás contar con ellos.