Ahora no se le llama tanto así, pero igual son muchos las que siguen pidiéndola para presionar a sus parejas y persuadirlas para que tengan relaciones sexuales.

Cuando dos personas se conocen y se gustan, es probable que quieran concretar un encuentro sexual. Si ambos están de acuerdo, y toman las medidas de precaución necesarias para evitar embarazos o ETS, ¡todo bien!

Pero a veces hay uno que no quiere tener intimidad, porque no se siente seguro o, simplemente, porque prefiere dejar pasar un poco más de tiempo y no entregarse a la primera.

Lo ideal sería que el otro respetara esa decisión, pero eso no ocurre en todos los casos. Si bien no hay violencia física ni una exigencia explícita, son muchos los que aplican presión sicológica para convencer a la pareja a que tenga relaciones sexuales.

Y uno de los principales métodos utilizados es deslizar alguna frase del tipo: “Si no lo haces, es porque no me quieres” o “Si de verdad estás enamorada(o) de mí, demuéstramelo de este modo (teniendo sexo conmigo)”.

En resumen, hay parejas que siguen funcionando bajo la antigua lógica de la ‘prueba de amor’, de la que tanto se hablaba en la época de nuestros abuelitos.

Yo-yo

Para la sicóloga Macarena Rojo, “no es bueno presionar de esa forma a la pareja, porque puede que ésta tome una decisión obligada, no porque realmente se siente preparada para entregarse a la otra persona”.

Esto tiene mucho que ver con el egoísmo que, a veces, se apodera de nosotros y nos hace pensar solamente en función del placer físico y sexual… pero no nos ponemos a pensar en los sentimientos y en el respeto que se debe tener para con la otra persona.

O sea que si el otro dice que no, es no. Es cierto que al principio da lata, y uno siempre va a tratar de insistir un poco para ver si hay un cambio de opinión. Pero esa actitud no debe ser cargante ni mucho menos intimidante, porque eso puede ser aún peor.

“Si de verdad hay sentimientos comprometidos, un hombre o una mujer sabrán esperar hasta que llegue el momento preciso. A veces es sólo cuestión de tiempo, y no una negación porque no haya interés erótico o ganas de acceder a un encuentro íntimo”, explica la especialista.

¿Y qué hacer?

Agrega la profesional que “el hecho de que alguien se niegue a tener relaciones sexuales cuando la pareja se lo pide, no significa necesariamente que no haya sentimientos de por medio. O sea que ‘la prueba de amor’ no tiene ninguna validez, por lo menos en lo que a su nombre respecta”.

Por eso, es una mala decisión reprocharle a la pareja el hecho de que haya dicho que no. Tampoco es positivo darle filo o cambiarla por otra persona que sí esté dispuesta a entregarse en ese momento determinado.

Si la excitación y el deseo sexual es mucho, una buena posibilidad es la masturbación, la que puede realizarse en la intimidad del hogar o bien con la misma pareja. Quizás, ese puede ser un primer paso, un primer acercamiento, a lo que más tarde se convertirá en una intimidad más completa.

Lo anterior es sólo una alternativa. Si tampoco hay intención de tener ese tipo de acercamiento íntimo, también hay que ser respetuoso de esa decisión. Total, la vida sexual tiene mucho camino por delante, así que si no resulta ahora, ¡no faltará la oportunidad más adelante!